JUEGOS

16 marzo 2010 at 21:20 (Cuentos, adivinanzas y más)

¿QUIÉN FALTA?
TEMA: RELAJACIÓN – REACCIÓN
GRADOS: 2º A 6º
MATERIAL: NINGUNO

    Se coloca el grupo sentado disperso por el patio, se escoge a un alumno, y se le pedirá que cierre sus ojos, y entonces el maestro le indicará a uno o dos del grupo que se retiren a otro lugar en donde no puedan ser vistos. El maestro le pedirá entonces al alumno que cerro los ojos, que los abra, y en dos oportunidades adivine quien o quienes son los que faltan sin alejarse de su lugar.

CUANDO YO VAYA A PARÍS
TEMA: RECUPERACIÓN – REACCIÓN
GRADOS: 4º A 6º
MATERIAL: NINGUNO

    Sentados los niños, formando un círculo o una hilera, el primer niño dice “CUANDO YO VAYA A PARÍS VOY A LLEVAR…” por ejemplo dice: una maleta, el segundo dice; “CUANDO YO VAYA A PARÍS YO VOY A LLEVAR UNA MALETA Y UN PANTALÓN, ósea va a decir lo que le antecede y una cosa más, y así sucesivamente, cuando uno de ellos se equivoque, se iniciará nuevamente, hasta terminar la formación.

SIMON DICE

                    
TEMA: REACCIÓN – CONCENTRACIÓN
GRADOS: 1º A 6º
MATERIAL: NINGUNO

    Este es un juego de reacción, en el que los alumnos se encontraran semidispersos por el área y en la posición que gusten. El maestro les explicará que tienen que obedecer la orden que él diga siempre y cuando le antecedan las palabras “SIMON DICE”, si él llega a decir una orden y el no menciona estas palabras tendrán que permanecer inmóviles.

A LIMPIAR LA CASA
TEMA: HIGIENE – LANZAR
GRADOS: 1º A 3º
MATERIAL: PELOTITAS DE PAPEL

    Se divide el patio de trabajo en dos partes utilizando un gis para dibujar una línea, o colocar una cuerda en el suelo. Se divide el grupo en dos y se coloca a cada equipo en su parte de la cancha, cada alumno tendrá en su mano una pelotita de papel periódico, a una señal de maestro empezarán a lanzar ambos equipos sus pelotitas a la cancha contraria y recogerán las que caigan en su propia y regresarlas de nuevo, así continuarán hasta que el maestro a la cuenta de 1, 2, 3, en ese momento todos dejan de lanzar y pasarán a la línea final de su cancha, para que el maestro cuente cuantas pelotas hay en cada una. Ganará el equipo que tenga menos en su lugar.

LAS FLORES Y EL  VIENTO
TEMA: REACCIÓN – VELOCIDAD
GRADOS: 3º A 6º
MATERIAL: NINGUNO

    Las niñas representarán a las flores y los niños el viento. Pero para proseguir con el juego, es necesario que se mencionen delante de todos, la mayor cantidad posible de nombres de flores que existen. Inmediatamente después las niñas escogen en secreto el nombre de una sola flor para todas ellas que identificará la señal de escape. Se acercan a donde están los niños ( el viento) formando líneas enfrentadas ambos equipos. Los niños simulan como si estuvieran tocando una puerta y entonces dicen: tan tan, y preguntan las niñas ¿quién es?, Los niños contestan, el viento, y las niñas preguntan ¿qué quiere el viento? Contesta el viento, una flor, y preguntan las niñas ¿cuál flor?, Entonces los niños empezarán a mencionar de uno en uno el nombre de alguna flor, y si no es la escogida las niñas dirán, no hay, hasta que acierten y entonces dirán, si hay y correrán hacia su refugio y la niña que sea TOCADA antes de llegar se convertirá en viento. Podrá hacerse lo mismo con los niños solo que mencionar nombres de animales o nombres de equipos de fútbol.

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CHISTES PARA NIÑOS

12 marzo 2010 at 20:53 (Cuentos, adivinanzas y más)

– Jaimito ¿Cuánto es dos por dos?

– Empate

-¿Ycuanto es dos por uno?

-Oferta

 

– Jaimito ¿Cómo se llaman los que han nacido en Madrid?

– ¿Todos?

 

– Jaimito ¿Qué te pasa?

– Que no se como se escribe el número 33?     

– Pimero un tres y luego otro tres

– Si, pero no se cual de los dos tres se escribe primero

 

– Jaimito ¿Como se llama el animal que cambia de color?

– Semáforo

 

– Jaimito ¿Qué es un bastón?

– Un paraguas sin vestido

 

Yo antes era ideciso, ahora no estoy seguro.

Chico tímido busca …. esto … bueno …. mejor lo dejamos.

 

 

Mas chistes para niños en :

www.elhuevodechocolate.com/chistes.htm

www.pekegifs.com/pekemundo/chistes.htm

www.guiainfantil.com/servicios/Chistes/index.htm

www.mediometro.com/chistes.html

UNA SOPA DE LETRAS

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El enigma de la esfinge

11 marzo 2010 at 18:28 (Cuentos, adivinanzas y más)

EL ENIGMA DE LA ESFINGE

HACE MUCHÍSIMO TIEMPO, LA CIUDAD GRIEGA DE TEBAS NADABA EN LA ABUNDANCIA. PERO, UN DÍA UNA ESFINGE SE INSTALÓ EN LA MONTAÑA, PRECISAMENTE EN EL CAMINO QUE CONDUCÍA A LA CIUDAD.

LA ESFINGE TENÍA CABEZA DE MUJER, CUERPO DE LEÓN Y ALAS DE ÁGUILA.

                         

CADA VEZ QUE UN VIAJERO PASABA POR DELANTE SUYO, LE PROPONÍA UN TRATO:

-TE PROPONGO UNA ADIVINANZA – DECIA. SI ACIERTAS, ME IRÉ Y DEJARÉ TRANQUILA LA CIUDAD PERO SI NO ACIERTAS, TE COMERÉ.

LOS VIAJEROS NUNCA ACERTABAN Y ERAN DEVORADOS POR EL MOUNSTRO UNO TRAS OTRO.

PRONTO, NINGÚN COMERCIANTE QUISO TOMAR ESE CAMINO PORQUE TENÍAN MIEDO DE LA ESFINGE.

ASÍ TEBAS FUE CNVIERTIÉNDOSE EN UNA CIUDAD MALDITA.

UN PRINCIPE LLAMADO EDIPO, OYÓ HABLAR DE LA DESGRACIA QUE SE ABATÍA SOBRE LA CIUDAD Y QUISO ENFRENTARSE CON LA ESFINGE.

A MEDIDA QUE AVANZABA POR EL CAMINO, OÍA UN FUERTE RUÍDO DE ALAS AGITÁNDOSE. DE REPENTE, LA ESFINGE SE POSÓ ANTE ÉL. CORTÁNDOLE EL PASO.

 

– ¡SALUD VIAJERO! DIJO LA ESFINGE. VOY A PROPONERTE UNA ADIVINANZA Y SI NO LA ACIERTAS … TE COMERÉ COMO A LOS DEMÁS.

-¡ESTOY LISTO! CONTESTÓ EDIPO.

– ¿CUÁL ES EL ANIMAL QUE ANDA A CUATRO PATAS POR LA MAÑANA, CON DOS POR LA TARDE Y CON TRES POR LA NOCHE?

-¡EL HOMBRE! – DIJO EDIPO. POR LA MAÑANA , ES DECIR, CUANDO ES UN BEBÉ ANDA A CUATRO PATAS. POR LA TARDE, HACIA LA MITAD DE LA VIDA, SE SOSTIENE SOBRE LAS DOS PIERNAS. Y POR LA NOCHE, ES DECIR, DURANTE LA VEJEZ, ANDA CON LA AYUDA DE UN BASTÓN.

 

-¡HAS GANADO! EXCLAMÓ LA ESFINGE ROJA DE IRA. ME IRÉ DE AQUÍ.

ECHÓ A VOLAR PERO COMO IBA TAN ENFADADA NO VIÓ LAS ROCAS Y SE GOLPEÓ CON TAN MALA SUERTE QUE FUE A CAER AL FONDO DE UN BARRANCO.

EDIPO LLEGÓ A TEBAS. ¡SUS HABITANTES NO PODÍAN CREER LO QUE HABÍA SUCEDIDO! AL ENTERARSE DE QUE SE HABÍAN LIBERADO DE LA ESFINGE, ACLAMARON AL JOVEN PRÍNCIPE REY. EDIPO REINÓ CON GRAN SABIDURÍA.

 

PREGUNTAS COMPRESIÓN LECTORA

¿Cómo se llamaba la ciudad griega?

La esfinge tiene la cabeza de …

La esfinge tiene el cuerpo de …

La esfinge tiene unas alas de …

¿Qué tenían que acertar los viajeros para poder llegar a Tebas?

¿Qué les pasaba a los que no acertaban?

¿Cómo se llamaba el príncipe?

¿Qué le pasó a la esfinge?

¿A quién coronan rey de Tebas?

¿Por qué coronan a Edipo rey de Tebas?

VOCABULARIO

Nadar en la abundancia: gozar de prosperidad económica, tener mucho dinero.

Esfinge: es un ser fabuloso, un ser mitológico. Las esfinges son símbolo de la realeza.

Devorar: comer.

Comerciante: persona que se dedica a comprar y vender artículos.

Abatir: hacer que algo caiga, derribar.

 

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Comics

2 febrero 2010 at 15:16 (Cuentos, adivinanzas y más)

CALVIN Y HOBBES

CREADO POR BILL WATTERSON ESTE SIMPÁTICO PERSONAJE TE TRANSPORTARÁ A UN MUNDO DE AMISTAD Y DIVERSIÓN

UNA NOCHE NAUSEABUNDA

Y OTRA NOCHE SIN PODER DORMIR, LA HORAS PASAN SIN SENTIR. MIS JOS OBSERVAN TODO MI CUARTO MI GUARIDA.

SUDANDO YPENSANDO CON APRENSIÓN, QUE ESTA NOCHE EL ÚLTIMO TELÓN CAERÁ SOBRE LA FUNCIÓN DE MI CORTA VIDA.

DE LA OSCURIDAD, DESDE EL ARMARIO, LLEGA UN RUIDO COMO DE UN OSARIO. ES EL ENLOQUECEDOR SONIDO DE UN GOTEO.

PARECE EL DE UNA BESTIA ENORME, DESPROPORCIONADA Y DEFORME. SU VENENO EN EL SUELO PRODUCE UN SISEO.

UNA MAZA, UN CUARENTA Y CINCO, NECESITO EMPUÑAR CON AHINCO. PERO NO HAY NIGÚN ARMA A LA VISTA

¡DIOS MIO, UNA SOMBRA REPTANTE! OMINOSA Y NEGRA HAY DELANTE, BAJO LA LUZ DE LA LUNA AVANZA FATALISTA.

[…]

MIENTRAS MI FIN RÁPIDAMENTE SE ACERCA, LE DOY LAS “BUENAS NOCHES” DE CERCA AL MEJOR AMIGO QUE TENGO EN TODO EL MUNDO. SE AGITA, PARECE ESTAR OLISQUEANDO, RONCA BAJITO (DEBE ESTAR SOÑANDO), YACE ENTRE LAS SÁBANAS SUMIDO EN UN PROFUNDO SUEÑO.

¡HEY!

¡DESPIERTA, ESTUPIDO CRETINO! ¿DORMIRÁS MIENTRAS RONDA UN ASESINO? 

DE REPENTE EL MOUNSTRO SABE QUE NO ESTOY SOLO, HAY UN ANIMAL CONMIGO EN LA CAMA ¡UNA TERRIBLE BESTIA QUE TIENE FAMA !

EL MOUNSTRO CONSTERNADO POR LA VENTANA SE HA LANZADO.

ME HE PODIDO LIBRAR, AHORA TOCA DESCANSAR. ME HE SALVADO GRACIAS A MI MEJOR AMIGO.

 

 

MAFALDA

PERSONAJE CREADO POR EL ARGENTINO QUINO. SEGURO QUE SE TE ESCAPA UNA GRAN SONRSA 😀

             

 

EL PEQUEÑO SPIROU

El pequeño Spirou son las aventuras de un joven y travieso Spirou que relata sus vivencias, tanto en el colegio como en su casa o con sus amigos. El formato que se sigue es el de historieta, con historias cortas encadenadas entre si. Tome crea los guiones y Janry los dibuja.

 

RAÚL Y ANDREA A LA FUERZA AHORCAN

Historia desternillante pero real como lo vida misma. Escrita por Gomaespuma.

 

ASTERIX Y OBELIX

Astérix el Galo (francés Astérix le Gaulois) es una serie de historieta cómica creada por René Goscinny (guión) y Albert Uderzo (dibujo), aparecida por primera vez el 29 de octubre de 1959

Astérix vive alrededor del año 50 a. C. en una aldea ficticia al noroeste de la Galia, la única parte del país que no ha sido conquistada aún por Julio César, también personaje de la serie. La aldea está rodeada por cuatro campamentos romanos: Babaórum, Acuárium, Láudanum y Petibónum. A este respecto, hay que citar la característica introducción de todas las historietas:

Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia esta ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor.

 

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Adivina adivinanza

1 febrero 2010 at 13:24 (Cuentos, adivinanzas y más)

Cinco hermanos muy unidos
que no se pueden mirar,
cuando riñen aunque quieras
no los puedes separar.

Soy animal en el campo,
soy pintura en la ciudad
y mi nombre como dice Braulio
en esta adivinanza esta.

Si me nombras desaparezco,
¿quien soy?

Iba una vaca de lado,
luego resultó pescado.

Desde el lunes hasta el viernes,
soy la última en llegar,
el sábado soy la primera
y el domingo a descansar

Tengo nombre de mujer,
crezco en el fondo del mar,
en la arena de la playa
tú me podrás encontrar.

Un platito de avellanas
que de día se recogen
y de noche se desparraman.

Pobrecito, pobrecito,
todo el día sin parar
y no sale de su sitio

¿Cuál es de los animales
aquel que en su nombre
tiene las cinco vocales?

Verde nace, verde se cría
y verde sube
los troncos arriba.

Si lo escribes como es,
soy de la selva el rey.
Si lo escribes al revés
soy tu Papá Noel.

Vengo de padres cantores          
aunque yo no soy cantor,
traigo los hábitos blancos
y amarillo el corazón.

 Puedes mirar las soluciones y muchas  adivinanzas más  en http://adivinanzas.chiquipedia.com/

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BÉCQUER

31 enero 2010 at 11:01 (Cuentos, adivinanzas y más)

RIMA XIII

Tu pupila es azul y, cuando ríes,
su claridad süave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul y, cuando lloras,
las transparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una vïoleta.

Tu pupila es azul, y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea,
me parece en el cielo de la tarde
una perdida estrella.

RIMA XXX

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero, al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día?
Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?

 

RIMA LXXIII

Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.

La luz que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho;
y entre aquella sombra
veíase a intérvalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

Despertaba el día,
y, a su albor primero,
con sus mil rüidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:

—¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

De la casa, en hombros,
lleváronla al templo
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.

Al dar de las Ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron,
y el santo recinto
quedóse desierto.

De un reloj se oía
compasado el péndulo,
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba
que pensé un momento:

¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila
formando el cortejo.

Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo.
Allí la acostaron,
tapiáronle luego,
y con un saludo
despidióse el duelo.

La piqueta al hombro
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
el sol se había puesto:
perdido en las sombras
yo pensé un momento:

¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a veces me acuerdo.

Allí cae la lluvia
con un son eterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan sus huesos…!

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es sin espíritu,
podredumbre y cieno?
No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
algo que repugna
aunque es fuerza hacerlo,
el dejar tan tristes,
tan solos los muertos.

Los ojos verdes

Hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir cualquier cosa con este título. Hoy, que se me ha presentado ocasión, lo he puesto con letras grandes en la primera cuartilla de papel, y luego he dejado a capricho volar la pluma.

Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano. De todos modos, cuento con la imaginación de mis lectores para hacerme comprender en este que pudiéramos llamar boceto de un cuadro que pintaré algún día.

I

—Herido va el ciervo…, herido va… no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas del monte, y al saltar uno de esos lentiscos han flaqueado sus piernas… Nuestro joven señor comienza por donde otros acaban… En cuarenta años de montero no he visto mejor golpe… Pero, ¡por San Saturio, patrón de Soria!, cortadle el paso por esas carrascas, azuzad los perros, soplad en esas trompas hasta echar los hígados, y hundid a los corceles una cuarta de hierro en los ijares: ¿no veis que se dirige hacia la fuente de los Alamos y si la salva antes de morir podemos darlo por perdido?

Las cuencas del Moncayo repitieron de eco en eco el bramido de las trompas, el latir de la jauría desencadenada, y las voces de los pajes resonaron con nueva furia, y el confuso tropel de hombres, caballos y perros, se dirigió al punto que Iñigo, el montero mayor de los marqueses de Almenar, señalara como el más a propósito para cortarle el paso a la res.

Pero todo fue inútil. Cuando el más ágil de los lebreles llegó a las carrascas, jadeante y cubiertas las fauces de espuma, ya el ciervo, rápido como una saeta, las había salvado de un solo brinco, perdiéndose entre los matorrales de una trocha que conducía a la fuente.

—¡Alto!… ¡Alto todo el mundo! —gritó Iñigo entonces—. Estaba de Dios que había de marcharse.

Y la cabalgata se detuvo, y enmudecieron las trompas, y los lebreles dejaron refunfuñando la pista a la voz de los cazadores.

En aquel momento, se reunía a la comitiva el héroe de la fiesta, Fernando de Argensola, el primogénito de Almenar.

—¿Qué haces? —exclamó, dirigiéndose a su montero, y en tanto, ya se pintaba el asombro en sus facciones, ya ardía la cólera en sus ojos—. ¿Qué haces, imbécil? Ves que la pieza está herida, que es la primera que cae por mi mano, y abandonas el rastro y la dejas perder para que vaya a morir en el fondo del bosque. ¿Crees acaso que he venido a matar ciervos para festines de lobos?

—Señor —murmuró Iñigo entre dientes—, es imposible pasar de este punto.

—¡Imposible! ¿Y por qué?

—Porque esa trocha —prosiguió el montero— conduce a la fuente de los Alamos: la fuente de los Alamos, en cuyas aguas habita un espíritu del mal. El que osa enturbiar su corriente paga caro su atrevimiento. Ya la res, habrá salvado sus márgenes. ¿Cómo la salvaréis vos sin atraer sobre vuestra cabeza alguna calamidad horrible? Los cazadores somos reyes del Moncayo, pero reyes que pagan un tributo. Fiera que se refugia en esta fuente misteriosa, pieza perdida.

—¡Pieza perdida! Primero perderé yo el señorío de mis padres, y primero perderé el ánima en manos de Satanás, que permitir que se me escape ese ciervo, el único que ha herido mi venablo, la primicia de mis excursiones de cazador… ¿Lo ves?… ¿Lo ves?… Aún se distingue a intervalos desde aquí; las piernas le fallan, su carrera se acorta; déjame…, déjame; suelta esa brida o te revuelvo en el polvo… ¿Quién sabe si no le daré lugar para que llegue a la fuente? Y si llegase, al diablo ella, su limpidez y sus habitadores. ¡Sus, Relámpago!; ¡sus, caballo mío! Si lo alcanzas, mando engarzar los diamantes de mi joyel en tu serreta de oro.

Caballo y jinete partieron como un huracán. Iñigo los siguió con la vista hasta que se perdieron en la maleza; después volvió los ojos en derredor suyo; todos, como él, permanecían inmóviles y consternados.

El montero exclamó al fin:

—Señores, vosotros lo habéis visto; me he expuesto a morir entre los pies de su caballo por detenerlo. Yo he cumplido con mi deber. Con el diablo no sirven valentías. Hasta aquí llega el montero con su ballesta; de aquí en adelante, que pruebe a pasar el capellán con su hisopo.

II

—Tenéis la color quebrada; andáis mustio y sombrío. ¿Qué os sucede? Desde el día, que yo siempre tendré por funesto, en que llegasteis a la fuente de los Alamos, en pos de la res herida, diríase que una mala bruja os ha encanijado con sus hechizos. Ya no vais a los montes precedido de la ruidosa jauría, ni el clamor de vuestras trompas despierta sus ecos. Sólo con esas cavilaciones que os persiguen, todas las mañanas tomáis la ballesta para enderezaros a la espesura y permanecer en ella hasta que el sol se esconde. Y cuando la noche oscurece y volvéis pálido y fatigado al castillo, en valde busco en la bandolera los despojos de la caza. ¿Qué os ocupa tan largas horas lejos de los que más os quieren?

Mientras Iñigo hablaba, Fernando, absorto en sus ideas, sacaba maquinalmente astillas de su escaño de ébano con un cuchillo de monte.

Después de un largo silencio, que sólo interrumpía el chirrido de la hoja al resbalar sobre la pulimentada madera, el joven exclamó, dirigiéndose a su servidor, como si no hubiera escuchado una sola de sus palabras:

—Iñigo, tú que eres viejo, tú que conoces las guaridas del Moncayo, que has vivido en sus faldas persiguiendo a las fieras, y en tus errantes excursiones de cazador subiste más de una vez a su cumbre, dime: ¿has encontrado, por acaso, una mujer que vive entre sus rocas?

—¡Una mujer! —exclamó el montero con asombro y mirándole de hito en hito.

—Sí —dijo el joven—, es una cosa extraña lo que me sucede, muy extraña… Creí poder guardar ese secreto eternamente, pero ya no es posible; rebosa en mi corazón y asoma a mi semblante. Voy, pues, a revelártelo… Tú me ayudarás a desvanecer el misterio que envuelve a esa criatura que, al parecer, sólo para mí existe, pues nadie la conoce, ni la ha visto, ni puede dame razón de ella.

El montero, sin despegar los labios, arrastró su banquillo hasta colocarse junto al escaño de su señor, del que no apartaba un punto los espantados ojos… Este, después de coordinar sus ideas, prosiguió así:

—Desde el día en que, a pesar de sus funestas predicciones, llegué a la fuente de los Alamos, y, atravesando sus aguas, recobré el ciervo que vuestra superstición hubiera dejado huir, se llenó mi alma del deseo de soledad.

Tú no conoces aquel sitio. Mira: la fuente brota escondida en el seno de una peña, y cae, resbalándose gota a gota, por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que crecen al borde de su cuna. Aquellas gotas, que al desprenderse brillan como puntos de oro y suenan como las notas de un instrumento, se reúnen entre los céspedes y, susurrando, susurrando, con un ruido semejante al de las abejas que zumban en torno a las flores, se alejan por entre las arenas y forman un cauce, y luchan con los obstáculos que se oponen a su camino, y se repliegan sobre sí mismas, saltan, y huyen, y corren, unas veces, con risas; otras, con suspiros, hasta caer en un lago. En el lago caen con un rumor indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, cantares, yo no sé lo que he oído en aquel rumor cuando me he sentado solo y febril sobre el peñasco a cuyos pies saltan las aguas de la fuente misteriosa, Para estancarse en una balsa profunda cuya inmóvil superficie apenas riza el viento de la tarde.

Todo allí es grande. La soledad, con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares y embriaga el espíritu en su inefable melancolía. En las plateadas hojas de los álamos, en los huecos de las peñas, en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles espíritus de la Naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal espíritu del hombre.

Cuando al despuntar la mañana me veías tomar la ballesta y dirigirme al monte, no fue nunca para perderme entre sus matorrales en pos de la caza, no; iba a sentarme al borde de la fuente, a buscar en sus ondas… no sé qué, ¡una locura! El día en que saltó sobre ella mi Relámpago, creí haber visto brillar en su fondo una cosa extraña.., muy extraña..: los ojos de una mujer.

Tal vez sería un rayo de sol que serpenteó fugitivo entre su espuma; tal vez sería una de esas flores que flotan entre las algas de su seno y cuyos cálices parecen esmeraldas…; no sé; yo creí ver una mirada que se clavó en la mía, una mirada que encendió en mi pecho un deseo absurdo, irrealizable: el de encontrar una persona con unos ojos como aquellos. En su busca fui un día y otro a aquel sitio.

Por último, una tarde… yo me creí juguete de un sueño…; pero no, es verdad; le he hablado ya muchas veces como te hablo a ti ahora…; una tarde encontré sentada en mi puesto, vestida con unas ropas que llegaban hasta las aguas y flotaban sobre su haz, una mujer hermosa sobre toda ponderación. Sus cabellos eran como el oro; sus pestañas brillaban como hilos de luz, y entre las pestañas volteaban inquietas unas pupilas que yo había visto…, sí, porque los ojos de aquella mujer eran los ojos que yo tenía clavados en la mente, unos ojos de un color imposible, unos ojos…

—¡Verdes! —exclamó Iñigo con un acento de profundo terror e incorporándose de un golpe en su asiento.

Fernando lo miró a su vez como asombrado de que concluyese lo que iba a decir, y le preguntó con una mezcla de ansiedad y de alegría:

—¿La conoces?

—¡Oh, no! —dijo el montero—. ¡Líbreme Dios de conocerla! Pero mis padres, al prohibirme llegar hasta estos lugares, me dijeron mil veces que el espíritu, trasgo, demonio o mujer que habita en sus aguas tiene los ojos de ese color. Yo os conjuro por lo que más améis en la tierra a no volver a la fuente de los álamos. Un día u otro os alcanzará su venganza y expiaréis, muriendo, el delito de haber encenagado sus ondas.

—¡Por lo que más amo! —murmuró el joven con una triste sonrisa.

—Sí —prosiguió el anciano—; por vuestros padres, por vuestros deudos, por las lágrimas de la que el Cielo destina para vuestra esposa, por las de un servidor, que os ha visto nacer.

—¿Sabes tú lo que más amo en el mundo? ¿Sabes tú por qué daría yo el amor de mi padre, los besos de la que me dio la vida y todo el cariño que pueden atesorar todas las mujeres de la tierra? Por una mirada, por una sola mirada de esos ojos… ¡Mira cómo podré dejar yo de buscarlos!  

Dijo Fernando estas palabras con tal acento, que la lágrima que temblaba en los párpados de Iñigo se resbaló silenciosa por su mejilla, mientras exclamó con acento sombrío:

—¡Cúmplase la voluntad del Cielo!

III

—¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu patria? ¿En dónde habitas? Yo vengo un día y otro en tu busca, y ni veo el corcel que te trae a estos lugares ni a los servidores que conducen tu litera. Rompe de una vez el misterioso velo en que te envuelves como en una noche profunda. Yo te amo, y, noble o villana, seré tuyo, tuyo siempre.

El sol había traspuesto la cumbre del monte; las sombras bajaban a grandes pasos por su falda; la brisa gemía entre los álamos de la fuente, y la niebla, elevándose poco a poco de la superficie del lago, comenzaba a envolver las rocas de su margen.

Sobre una de estas rocas, sobre la que parecía próxima a desplomarse en el fondo de las aguas, en cuya superficie se retrataba, temblando, el primogénito Almenar, de rodillas a los pies de su misteriosa amante, procuraba en vano arrancarle el secreto de su existencia.

Ella era hermosa, hermosa y pálida como una estatua de alabastro. Y uno de sus rizos caía sobre sus hombros, deslizándose entre los pliegues del velo como un rayo de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pestañas rubias brillaban sus pupilas como dos esmeraldas sujetas en una joya de oro.

Cuando el joven acabó de hablarle, sus labios se removieron como para pronunciar algunas palabras; pero exhalaron un suspiro, un suspiro débil, doliente, como el de la ligera onda que empuja una brisa al morir entre los juncos.

—¡No me respondes! —exclamó Fernando al ver burlada su esperanza—. ¿Querrás que dé crédito a lo que de ti me han dicho? ¡Oh, no!… Háblame; yo quiero saber si me amas; yo quiero saber si puedo amarte, si eres una mujer…

—O un demonio… ¿Y si lo fuese?

El joven vaciló un instante; un sudor frío corrió por sus miembros; sus pupilas se dilataron al fijarse con más intensidad en las de aquella mujer, y fascinado por su brillo fosfórico, demente casi, exclamó en un arrebato de amor:

—Si lo fueses.:., te amaría…, te amaría como te amo ahora, como es mi destino amarte, hasta más allá de esta vida, si hay algo más de ella.

—Fernando —dijo la hermosa entonces con una voz semejante a una música—, yo te amo más aún que tú me amas; yo, que desciendo hasta un mortal siendo un espíritu puro. No soy una mujer como las que existen en la Tierra; soy una mujer digna de ti, que eres superior a los demás hombres. Yo vivo en el fondo de estas aguas, incorpórea como ellas, fugaz y transparente: hablo con sus rumores y ondulo con sus pliegues. Yo no castigo al que osa turbar la fuente donde moro; antes lo premio con mi amor, como a un mortal superior a las supersticiones del vulgo, como a un amante capaz de comprender mi caso extraño y misterioso.

Mientras ella hablaba así, el joven absorto en la contemplación de su fantástica hermosura, atraído como por una fuerza desconocida, se aproximaba más y más al borde de la roca.

La mujer de los ojos verdes prosiguió así:

—¿Ves, ves el límpido fondo de este lago? ¿Ves esas plantas de largas y verdes hojas que se agitan en su fondo?… Ellas nos darán un lecho de esmeraldas y corales…, y yo…, yo te daré una felicidad sin nombre, esa felicidad que has soñado en tus horas de delirio y que no puede ofrecerte nadie… Ven; la niebla del lago flota sobre nuestras frentes como un pabellón de lino…; las ondas nos llaman con sus voces incomprensibles; el viento empieza entre los álamos sus himnos de amor; ven…, ven.

La noche comenzaba a extender sus sombras; la luna rielaba en la superficie del lago; la niebla se arremolinaba al soplo del aire, y los ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz de las aguas infectas… Ven, ven… Estas palabras zumbaban en los oídos de Fernando como un conjuro. Ven… y la mujer misteriosa lo llamaba al borde del abismo donde estaba suspendida, y parecía ofrecerle un beso…, un beso…

Fernando dio un paso hacía ella…, otro…, y sintió unos brazos delgados y flexibles que se liaban a su cuello, y una sensación fría en sus labios ardorosos, un beso de nieve…, y vaciló…, y perdió pie, y cayó al agua con un rumor sordo y lúgubre.

Las aguas saltaron en chispas de luz y se cerraron sobre su cuerpo, y sus círculos de plata fueron ensanchándose, ensanchándose hasta expirar en las orillas.

                                                           

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ADIVINANZA

30 enero 2010 at 19:35 (Cuentos, adivinanzas y más)

En la universidad un maestro propone un problema a sus jóvenes estudiantes:

ES MEJOR QUE DIOS.

ES PEOR QUE EL DIABLO .

LOS POBRES NO LO TIENEN .

LOS RICOS NO LO NECESITAN.

SI UNO NO LO COME, SE MUERE.

 

¿Qué es?

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ROALD DAHL

30 enero 2010 at 9:16 (Cuentos, adivinanzas y más)

CUENTOS EN VERSO PARA NIÑOS PERVERSOS

Blancanieves y los siete enanos

Cuando murió la madre de Blanquita

 dijo su padre, el Rey: <<Esto me irrita.

¡Qué cosa tan pesada y tan latosa!

Ahora tendré que dar con otra

esposa…>> –es, por lo visto, un lío del

demonio para un Rey componer su

matrimonio–. Mandó anunciar en todos

los periódicos: <<Se necesita Reina>>

y, muy metódico, recortó las respuestas

que en seguida llegaron a millones…

<<La elegida ah de mostrar con

pruebas convincentes que eclipsa a

cualquier otra pretendiente>>. Por fin

fue preferida a las demás la señorita

Obdulia Carrasclás, que trajo un

artefacto extraordinario comprado a

algún exótico anticuario: era un ESPEJO              

MAGICO PARLANTE con marco de latón,

limpio y brillante, que contestaba a

quien le plateara cualquier cuestión con

la verdad más clara. Así, si, por

ejemplo, alguien quería saber qué iba a

cenar en ese día, el chisme le decía sin

tardar: <<Lentejas o te quedas sin

cenar>>. El caso es que la Reina, que

Dios guarde, le preguntaba al trasto

cada tarde: <<Dime Espejito, cuéntame

una cosa: de todas, ¿no soy yo la más

hermosa?>>. Y el cachivache siempre:

<<Mi Señora, vos sois la más hermosa,

encantadora y bella de este reino. No

hay rival a quien no hayáis comido la

moral>>.

La Reina repitió diez largos años la

estúpida pregunta y sin engaños le

contestó el Espejo, hasta que un día

Obdulia oyó al cacharro que decía:

<<Segunda sois, Señora. Desde el

jueves es mucho más hermosa

Blancanieves>>.su majestad se puso

furibunda, armó una impresionante

barahúnda y dijo: <<¡Yo me cargo a

esa muchacha! ¡La aplastaré como a

una cucaracha! ¡La despellejaré, la haré

guisar y me la comeré para

almorzar!>>.

Llamó a su Cazador al aposento y le

gritó: <<¡Cretino, escucha atento! Vas

a llevarte al monte a la Princesa

diciéndole que vais a buscar fresas y,

cuando estéis allí, vas a matarla,

desollarla muy bien, descuartizarla y,

para terminar, traerme al instante su

corazón caliente y palpitante>>.

El Cazador llevó a la criatura,

mintiéndole vilmente, ala espesura del

Bosque. La Princesa, que se olió la                             

torta, dijo: <<¡Espere! ¿Qué he hecho

yo para que usted me mate, señor mío?

–el brazo y el cuchillo de aquél tío

erizaban el pelo al mas pintado–

¡Déjeme, por favor, no sea pesado!>>.

El Cazador, que era mala gente, se

derritió al mirar a la inocente.

<<¡Aléjate corriendo de mi vista,

porque, si me lo pienso más, vas

lista…!>> la chica ya no estaba – ¡qué

iba a estar! – cuando el verdugo

terminó de hablar. Después fue el

hombre a ver al carnicero, pidió que le

sacara un buen cordero, compró media

docena de costillas amén del corazón y,

a pies juntillas, Obdulia tomó aquella

casquería por carne de Princesa.

<<¡Que mi tía se muera si he faltado

vuestro encargo, Señora…! Se hace

tarde… Yo me largo…>>. <<Os creo,

Cazador. Marchad tranquilo –dijo la

Reina–. ¡Y ese medio kilo de chuletillas

y ese corazón los quiero bien tostados al

carbón!>>, y se los engulló, la muy

salvaje, con un par de vasitos de

brebaje.

¿Qué hacía la Princesa, mientras tanto?

Pues auto-stop para curar su espanto.

Volvió a la capital en un boleo y

consiguió muy pronto un buen empleo

de ama de llaves en el domicilio de siete

divertidos hombrecillos. Habían sido

jockeys de carreras y eran muy majos

todos, si no fuera por un vicio que en

sábados y fiestas les devoraba el coco:

¡las apuestas! Así, si en los caballos no

atinaban un día, aquella noche no

cenaban…

Hasta que una mañana dijo Blanca:

<<Tengo una idea, chicos, que no es

manca. Dejad todo el asunto de mi

cuenta, que voy a resolveros vuestra

renta, pero hasta que yo

vuelva de un paseo no quiero que

juguéis ni al veo-veo>>.

Se fue Blanquita aquella misma noche

de nuevo en auto-stop –y en un buen

choche– hasta Palacio y, siendo chica

lista, cruzó los aposentos sin ser vista;

el Rey estaba absorto haciendo cuentas

en el Despacho Real y la sangrienta

Obdulia se encontraba en la cocina

comiendo pan con miel y margarina. La

joven pudo, pues, llegar al fin hasta el

dichoso Espejo Parlanchín, echárselo en

un saco y, de puntillas, volver sobre sus

pasos dos mil millas –que eso le

parecieron, pobrecita–. <<¡Muchachos,

aquí traigo una cosita que todo lo

adivina sin error! ¿Queréis probar?>>.

<<¡Sí, sí!>>, dijo el mayor: <<Mira,

Espejito, no nos queda un chavo, así

que has de acertar en todo el clavo:

¿quién ganará mañana la tercera?>>.

<<La yegua Rifífí será primera>>, le

contestó el Espejo roncamente…

¡Imaginad la euforia consiguiente!

Blanquita fue aclamada, agasajada,

despachurrada a besos y estrujada.

Luego corrieron todos los Enanos hasta

el local de apuestas más cercano y no

les quedó un mal maravedí que no fuera

a para a Rifífí: vendieron el Volkswagen,

empeñaron relojes y colchones, se

entramparon con una sucursal de la

Gran Banca para apostarlo todo a su

potranca. Después, en el hipódromo, se

vio que el Espejito no se equivocó, y ya

siempre los sábados y fiestas ganaron

los muchachos sus apuestas. Blanquita

tuvo parte de beneficios por ser la

emperatriz del artificio, y, en cuanto

corrió un poco el calendario, se hicieron

todos superbillonarios –de donde se

deduce que jugar no es mala cosa… si

se va a ganar–.

 

Caperucita Roja y el lobo

Estando una mañana haciendo el bobo

le entró un hambre espantosa al Señor

Lobo, así que, para echarse algo a la

muela, se fue corriendo a casa de la

Abuela.

<<¿Puedo pasar, Señora?>>, preguntó  .                  

La pobre anciana, al verlo, se asustó

pensando: <<¡Este me come de un

bocado!>>. Y, claro, no se había

equivocado: se convirtió la Abuela en

alimento en menos tiempo del que aquí

te cuento. Lo malo es que era flaca y

tan huesuda que al Lobo no le fue de

gran ayuda: <<Sigo teniendo un

hambre aterradora… ¡Tendré que

merendarme otra señora!>>. Y, al no

encontrar ninguna en la nevera, gruño

con impaciencia aquella fiera:

<<¡Esperaré sentado hasta que vuelva

Caperucita Roja de la Selva –que así

llamaban al Bosque la alimaña,

creyéndose en Brasil y no es España–. Y

porque no se viera su fiereza, se

disfrazó de abuela con presteza, se dio

laca en las uñas y en el pelo, se puso

gran falda gris de vuelo, zapatos,

sombrerito, una chaqueta y se sentó en

espera de la nieta. Llegó por fin Caperu

a mediodía y dijo:<<¿Cómo estás,

abuela mía? Por cierto, ¡me impresionan

tus orejas!>>. <<Para mejor oírte, que

las viejas somos un poco sordas>>.

<<¡Abuelita, qué ojos tan grandes

tienes!>>. <<Claro, hijita, son las

lentillas nuevas que me ha puesto para

que pueda verte Don Ernesto el

oculista>>, dijo el animal mirándola con

gesto angelical mientras se le ocurría

que la chica iba a saberle mil veces más

rica que el racho precedente. De

repente Caperucita dijo: <<¡Qué

imponente abrigo de piel llevas este

invierno!>>. El Lobo, estupefacto, dijo:

<<¡Un cuerno! O no sabes el cuento o

tú me mientes: ¡Ahora te toca hablar de

 

 

mis dientes  ! ¿Me estás tomando elpelo…?
Oye, mocosa, te comeré ahoramismo y a otra cosa>>. Pero ella se

sentó es un canapé y se sacó un

revólver del corsé, con calma apuntó

bien a la cabeza y – ¡pam! – allí cayó labuena pieza

Al poco tiempo vi a Caperucita cruzando

por el Bosque… ¡Pobrecita! ¿Sabéis lo

que llevaba la infeliz? Pues nada menos

que un sobrepelliz que a mí me pareció

de piel de un lobo que estuvo una

mañana haciendo el bobo.

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PERRAULT

29 enero 2010 at 18:19 (Cuentos, adivinanzas y más)

BARBA AZUL

Hace mucho tiempo hubo un hombre que tenía preciosas casas, tanto en la ciudad como en el campo, cubiertos de oro y plata, muebles labrados, y sus coches todos dorados. Pero desgraciadamente este hombre tenía la barba azul, lo que lo hacía verse tan espantoso y tan terrible, que toda mujer, joven o adulta, corría alejándose de él.

 

Una de sus vecinas, una dama de gran calidad, tenía dos hijas que eran perfectas bellezas. Él le pidió a una de ellas por esposa, dejando que ella decidiera a cual le encomendaría. Ninguna de ellas quería aceptarlo, y lo mandaban de aquí para allá, de una a la otra, ninguna capaz de adaptar su mente a estar casada con un hombre que tiene una barba azul. Otra cosa que las hacía adversarlo fue que él ya se había casado siete veces, y nadie sabía que había sucedido con sus anteriores esposas.

 

Barba Azul, para ser mejor apreciado, las invitó, junto con su madre y tres o cuatro de sus mejores amigas, y alguna gente de la vecindad, a pasar una semana entera en uno de sus sitios campestres.

 

Allí, no había otra cosa más que bellas fiestas de placer, cacería, pesca, danza, y alegría en toda actividad. Nadie se acostaba temprano, y pasaban la noche probando como verse mejor. En resumen, todo tenía tanto éxito que la más joven de las hijas, subyugada por tanta riqueza,  comenzó a pensar que la barba del dueño de la casa no era tan azul, y que él era un hombre muy caballeroso. Así que cuando regresaron a casa, se efectuó la boda.

 

Como un mes después Barba Azul le dijo a su esposa que se sentía obligado a hacer un viaje por el país de por lo menos seis semanas, ya que eran negocios de gran importancia. Él le deseó que se divertiera bien durante su ausencia, llamara a sus amigas, fueran de nuevo al campo si lo quisiera, y que viviera bien dondequiera que ella se encontrara.

 

-“Aquí”- dijo él, -“están las llaves de las dos grandes bodegas donde tengo mis mejores valores: éstas son del cuarto donde guardo mis platos de oro y plata, que no uso a diario; éstas abren mis cajas de seguridad, que contienen mi fortuna, tanto de oro como de plata; éstas son de mis cofres de joyas; y ésta es la llave maestra de todos mis apartamentos. Pero esta llave pequeñita, es la llave del cuarto que está al final de la galería, en el segundo piso. Puedes usar todas y abrir cuanto quieras, pero en cuanto a la pequeñita del cuarto al final, te prohibo rotundamente que la uses, y te prometo con todo rigor, que si la usas y lo abres, no hay nada que no puedas esperar de mi enojo.

 

Ella prometió obedecer exactamente todas sus órdenes, y él, después de abrazarla, montó en su coche iniciando su viaje.

 

Sus vecinas y buenas amigas no esperaron a que la recién casada joven las llamara para ir a visitarla, pues muy grande era su impaciencia por ver todas las riquezas de la casa, a la que no se atrevían a ir mientras su esposo estuviera allí, pues su barba azul las atemorizaba.

 

Sin perder tiempo ellas revisaron todos los cuartos, gabinetes, armarios, mesas, muebles, que eran todos tan finos y ricos, que cada uno parecía sobrepasar a los otros. Luego pasaron a las bodegas, donde estaban los mejores y más ricos muebles, y no dejaban de admirar suficientemente las alfombras, camas, tapicería, mesas y sillas, y grandes espejos para verse de cuerpo entero. Algunos de estos espejos tenían marcos de cristal, otros de plata o de oro, lo más bello y magnífico nunca visto.

 

Ellas no cesaban de alabar y envidiar la felicidad de su amiga, quien mientras tanto, no estaba tan interesada en mirar todas esas ricas cosas, sino que estaba toda impaciente en ir y abrir el último cuarto en el segundo piso, el prohibido. Su curiosidad aumentaba rápidamente, y sin considerar lo incorrecto que era dejar abandonadas a sus amistades, corría por las escaleras tan exitada que dos o tres veces tropezó a punto de romperse algún hueso, hasta que llegó a la habitación. Al frente de la puerta se quedó quieta por unos momentos, meditando sobre la orden que le había dado su esposo, y pensando en la infelicidad que le traería como consecuencia su desobediencia, pero la tentación era tan enorme que no pudo desecharla. Entonces tomó la pequeña llave y abrió la puerta, toda temblorosa. Al principio no veía nada pues las cortinas estaban cerradas. A los pocos segundos comenzó a percibir la presencia de siete cuerpos de mujer muertas, repartidas en el piso. (Esas eran las esposas anteriores de Barba Azul, con quienes se había casado, y luego asesinado a causa de su desobediencia a sus órdenes de no abrir el cuarto prohibido.) Ella pensó que seguramente moriría de pánico, y la llave, que había quitado de la cerradura, cayó de sus manos.

 

Una vez recuperada del golpe emocional, recogió la llave, cerró la puerta y regresó a su habitación a arreglarse, pero no sentía alivio, pues estaba aterrorizada.

 

Habiendo observado que la pequeña llave se había manchado, ella trató varias veces de limpiarla, pero la mancha no se iba. En vano la lavó, e incluso la restregó con jabón y arena. La mancha permanecía, ya que era una llave mágica que jamás podría limpiar. Cuando la mancha se quitaba de un lado, volvía por otro.

 

Barba Azul retornó de su jira esa misma tarde, y dijo que había recibido un mensaje en el camino de que el negocio que iba a tratar, había concluído a su favor anticipadamente. Su esposa hizo todo lo que pudo para convencerlo de que esta muy feliz con su pronto retorno.

 

A la mañana siguiente le pidió a ella las llaves, quien se las dió, pero con una mano tan temblorosa que a él no le quedó duda de qué había pasado.

 

-“¿Cómo es que la llavecita de mi cuarto al fondo, no está entre todas estas?”- preguntó.

 

-“Seguramente”- dijo ella, -“la dejé arriba sobre la mesa.”-

 

-“No falles”- dijo Barba Azul, -“en traérmela efectivamente.”-

 

Después de varios intentos por evadir el asunto, ella se vio forzada a entregarle la llave. Barba Azul, habiéndola examinado, le dijo:

 

-“¿Cómo llegó esta mancha a la llave?”-

 

-“No lo sé.”- respondió la pobre mujer, más pálida que un papel.

 

-“¡Que no lo sabes!”- replicó Barba Azul. -“Yo lo sé muy bien. Deseaste entrar al cuarto prohibido. Muy bien señora, vas a entrar allí también, y tomar tu lugar entre las damas que ya viste.”-

 

Ella se lanzó llorando a los pies de su esposo, y le rogó la perdonara, con todos los signos de un verdadero arrepentimiento por su desobediencia. Ella podría haber derretido hasta una roca, tan tierna y tan triste que estaba, pero Barba Azul tenía un corazón mucho más duro que una roca.

 

-“Tendrás que morir, señora”- dijo él, -“y ya de una vez.”-

 

-“Ya que debo morir”- contestó ella, mirándolo con sus ojos todos inundados de lágrimas, -“dame un poco de tiempo para decir mis oraciones.”-

 

-“Te daré un cuarto de hora, pero ni un momento más.”- replicó Barba Azul.

 

En cuanto estuvo sola, llamó a su hermana, y le dijo:

 

-“Hermana Ana”- cual era su nombre, -“ve arriba, te lo imploro, a la cumbre de la torre, y mira si nuestros hermanos vienen. Ellos prometieron que hoy vendrían, y si los ves dales una señal de que se apresuren.”-

 

 

 

Su hermana Ana subió a la torre, y la pobre afligida esposa de vez en cuando gritaba:

 

-“Hermana Ana, ¿ves a alguien llegando?”-

 

Y la hermana Ana contestaba:

 

-“No veo nada más que el sol, algo de polvo, y los verdes pastos.”-

 

 Mientras tanto Barba Azul, sosteniendo un gran sable en sus manos, le gritaba a su esposa, tan alto como podía:

 

-“¡Baja inmediatamente, o yo iré allá por tí!”-

 

-“Sólo un momento más, por favor.”- decía su esposa, y entonces gritaba suavemente -“Ana, hermana Ana, ¿ves a alguien llegando?”-

 

Y la hermana Ana respondía:

 

-“No veo nada más que el sol, algo de polvo, y los verdes pastos.”-

 

-“¡Baja rápido!”- gritaba Barba Azul, -“¡o yo iré allá por tí!”-

 

-“¡Ahí voy”- contestaba ella, y de nuevo gritaba:

 

-“Hermana Ana, ¿ves a alguien llegando?”-

 

-“Ahora veo”- replicó Ana, -“una gran polvareda, que viene de este lado.”-

 

-“¿Serán nuestros hermanos?”-

 

-“¡Oh, no, hermana!, es una manada de ovejas”-

 

-“¿No vas a bajar?”- gritaba Barba Azul.

 

-“Sólo un momento.”contestaba su esposa. -“Hermana Ana, ¿ves a alguien llegando?”- gritaba por otro lado.

 

-“Yo veo”- dijo la hermana, -“dos hombres a caballo, pero un poco distantes.”-

 

-“Bendito sea Dios”- replicaba la pobre esposa y con mucho gozo, -“son nuestros hermanos. Les haré una señal lo mejor que pueda para que se apuren.”-

 

Entonces Barba Azul vociferó tan tremendamente que hizo temblar a todo el edificio. La sentenciada esposa bajó y se postró a sus pies, toda en lágrimas, con su cabello sobre sus hombros. 

 

-“Nada de eso te ayudará”- dijo Barba Azul, -“debes morir.”-

 

Entonces, levantándola por el cabello con una mano, y elevando su espada en el aire con la otra mano, estaba ya a punto de cortarle la cabeza. La pobre dama, volviéndose hacia él, y mirándolo con lastimosos ojos, le pidió le concediera unos pequeños instantes para sus pensamientos.

 

-“¡No, no!”- dijo él, -“encomiéndate ya a Dios.”- y de nuevo levantó su brazo.

 

En ese momento se escuchó tan gran escándalo y golpeteo en la puerta principal, por lo que Barba Azul paró de inmediato. La puerta fue abierta, y bruscamente entraron dos jinetes, quienes, espada en mano, se dirigieron directamente a Barba Azul. El reconoció que eran los hermanos de su esposa, uno un soldado de caballería, y el otro un mosquetero. Él quiso huir rápidamente, pero los hermanos lo seguían tan cerca que lo alcanzaron antes de que llegara al portal. Ellos blandieron sus espadas contra su cuerpo, y lo dejaron muerto. La pobre esposa estaba casi tan muerta como su esposo, y no tenía fuerzas suficientes para levantarse y dar la bienvenida a sus hermanos.

 

Barba Azul no tenía herederos, así que su esposa pasó a ser la poseedora de todos sus bienes. Ella usó una parte para ayudar en la boda de su hermana con un joven caballero que la amaba desde hace un largo tiempo, otra parte para ayudar a sus hermanos en sus carreras militares, y el resto para su propia boda con un noble y gentil caballero, quien la hizo olvidar el horrible pasado con Barba Azul.

 

 

 

 

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IRIARTE

29 enero 2010 at 18:07 (Cuentos, adivinanzas y más)

EL BURRO FLAUTISTA

Esta fabulilla,
salga bien, ó mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.

Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.

Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dexó olvidada
por casualidad.

Acercóse á olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.

En la flauta el aire
se hubo de colar;
y sonó la flauta
por casualidad.

Oh! dixo el borrico:
¡qué bien sé tocar!
¡Y dirán que es mala
la música asnal!

Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.

EL GALÁN Y LA DAMA

Cierto galán a quien París aclama,
petimetre del gusto más extraño,
que cuarenta vestidos muda al año
y el oro y plata sin temor derrama,

celebrando los días de su dama,
unas hebillas estrenó de estaño,
sólo para probar con este engaño
lo seguro que estaba de su fama.

¡Bella plata! ¡Qué brillo tan hermoso!,
(dijo la dama), ¡viva el gusto y numen
del petimetre en todo primoroso!

Y ahora digo yo: Llene un volumen
de disparates un autor famoso,
y si no le alabaren, ya pues que queda

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